El Gobierno de El Salvador inauguró una nueva terminal de llegadas en el Aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, una obra de US$50 millones financiada con fondos propios de CEPA. La ampliación busca absorber el crecimiento del tráfico de pasajeros, agilizar procesos migratorios y reforzar el papel del aeropuerto como activo clave para la conectividad, el turismo y la logística del país.
El Salvador dio un nuevo paso en la transformación de su infraestructura aeroportuaria. El 23 de junio, el presidente Nayib Bukele y el titular de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), Federico Anliker, inauguraron la nueva terminal de llegadas del Aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, en una obra que, según la información oficial, representó una inversión de US$50 millones y fue ejecutada sin recurrir a endeudamiento público.
La ampliación no se limita a una mejora estética. De acuerdo con CEPA, la nueva terminal suma 24.000 metros cuadrados de construcción e incorpora una pasarela de 34 metros que conecta con la terminal principal, ascensores de gran capacidad y dos escaleras eléctricas capaces de movilizar hasta 5.000 personas por hora hacia Migración. La apuesta es clara: recibir a más pasajeros, reducir tiempos de espera y ofrecer una experiencia más fluida desde el momento de arribo.
Uno de los cambios más relevantes está en el procesamiento de pasajeros. Con la nueva infraestructura, el aeropuerto pasa a contar con 73 puntos de atención migratoria para llegadas, de los cuales 34 están ubicados en la terminal recién inaugurada. Además, 16 posiciones fueron diseñadas bajo el concepto Family Friendly. Según CEPA, el proceso migratorio actualmente toma entre 30 segundos y un minuto por pasajero, lo que ayudaría a que la salida del aeropuerto se complete en menos de 30 minutos.
La ampliación también fortalece el manejo de equipaje y la facilitación aduanera. El aeropuerto pasó de 4 a 12 bandas de equipaje, incluyendo una especial para carga sobredimensionada como tablas de surf o equipo deportivo, mientras que la capacidad de procesamiento subió de 6.000 a 16.500 maletas por hora. En paralelo, la terminal incorpora sistemas de inspección aduanera capaces de identificar más de 13.000 sustancias, junto con cámaras corporales, escáneres portátiles, dispositivos móviles y otras herramientas de verificación en tiempo real.
En el frente de movilidad terrestre, la obra suma 64 espacios para recoger pasajeros, 12 de ellos prioritarios para familias y personas con discapacidad, además de 13 espacios para renta de vehículos. La infraestructura fue completada en ocho meses, según la información reproducida por EFE, y forma parte de un portafolio de inversiones aeroportuarias que supera los US$320 millones.
El contexto ayuda a explicar la urgencia de esta expansión. CEPA reportó que el aeropuerto cerró 2025 con más de 5,2 millones de pasajeros, más de 51.000 operaciones aéreas y más de 39,7 millones de kilogramos de carga movilizada, un crecimiento de 11% en la terminal de carga. La institución también destacó que durante la actual gestión se han incorporado seis nuevas aerolíneas y ocho nuevas rutas, conectando a El Salvador con 30 ciudades en 12 países.
La lectura de fondo va más allá del corte de cinta. El Salvador está tratando de convertir su principal aeropuerto en una plataforma más eficiente para pasajeros, turismo y actividad logística, en un momento en que la conectividad aérea gana peso dentro de la estrategia económica del país. La nueva terminal de llegadas no solo amplía capacidad: también envía una señal de que la competencia regional por atraer rutas, viajeros y servicios aeroportuarios ya no se juega únicamente en la pista, sino también en la calidad y velocidad de la experiencia en tierra.