Mientras Asia–Europa sube, las rutas transpacíficas y Ocean-Air muestran señales de presión. El mercado global enfrenta un cierre de año marcado por desequilibrios persistentes.
El cierre de 2025 llega con un nuevo retrato de la volatilidad del transporte marítimo. Según la actualización de mercado de diciembre, el sector muestra un comportamiento fragmentado: alzas en algunas rutas clave, descensos en otras y una presión creciente por la sobreoferta de buques que continúa reconfigurando el tablero logístico, indicaron desde SEAL, Servicios Especializados de Aduana y Logística.
Las señales mixtas del mercado confirman lo que muchos operadores anticipaban desde mediados de año: el sector naviero está dejando atrás los picos derivados de crisis geopolíticas y retornando —no sin turbulencias— a un ciclo marcado por la competencia, el ajuste de capacidad y una demanda global todavía irregular.
Asia–Europa repunta: congestión y demanda sostienen un alza selectiva
La ruta Asia–Europa, una de las más estratégicas del comercio mundial, registró un incremento en tarifas durante diciembre. El alza responde a una combinación de factores:
congestión en puertos europeos por reordenamientos de itinerarios, mejor comportamiento de la demanda estacional, y necesidad de algunas navieras de reposicionar flota tras meses de desvíos operativos.
Aunque el aumento no se acerca a los niveles de disrupciones anteriores, es una señal de que ciertas rutas suelen reaccionar más rápido a cambios coyunturales, especialmente cuando existe presión sobre la capacidad efectiva.
Transpacífico y Ocean-Air se debilitan: la sobrecapacidad pasa factura
A diferencia de Asia–Europa, las tarifas en las rutas Transpacíficas —desde Asia hacia América del Norte— continuaron mostrando presión a la baja. La razón es clara: la oferta disponible supera con holgura la demanda, impulsada por la llegada de nuevos portacontenedores encargados durante el ciclo de fletes altos.
El servicio Ocean-Air, utilizado en cargas de mayor urgencia que combinan transporte marítimo y aéreo, también sintió el impacto de mayor disponibilidad de espacio, reducción en tiempos de tránsito marítimos respecto a meses previos y un enfriamiento temporal en la demanda de bienes sensibles a la rapidez, agregaron desde SEAL, Servicios Especializados de Aduana y Logística.
El resultado es un mercado híbrido en el que la velocidad deja de ser un diferenciador crítico, permitiendo que más carga regrese al transporte marítimo tradicional cuando las tarifas son lo suficientemente competitivas.
Un mercado fragmentado que revela un problema estructural
La gran lectura detrás de estos movimientos es que el transporte marítimo global continúa enfrentando desajustes persistentes entre oferta y demanda.
Las principales causas se identifican como: sucesivas entregas de nuevos buques entre 2024 y 2026, inestabilidad geopolítica que afecta rutas de forma desigual, consumo global menos dinámico, especialmente en economías desarrolladas y costos operativos volátiles, desde seguros hasta combustibles alternativos.
Este conjunto de factores provoca que las tarifas ya no se comporten como un bloque global, sino como un mosaico de micro mercados con dinámicas propias.
¿Qué esperar para 2026?
Los analistas del sector coinciden en que la industria entrará a un año clave:
La sobreoferta seguirá presionando los precios, las navieras podrían retirar capacidad o ajustar itinerarios para equilibrar el mercado y servicios diferenciados —como contratos de largo plazo, capacidad garantizada o soluciones de extremo a extremo— ganarán relevancia.
Si a esto se suma la reactivación del tránsito por el Canal de Suez —aún lenta— y la reconfiguración de las cadenas de suministro por los aún constantes vaivenes de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, apuntaron desde SEAL, Servicios Especializados de Aduana y Logística.